Las primeras semanas que pase en Buenos Aires transcurrieron en Belgrano, en el departamento de una prima bastante mayor que yo. La vista desde el piso 15 era genial. La universidad recién empezaba a finales de marzo y apenas estábamos a mediados del mismo mes, por lo que no tenía mucho que hacer, además no conocía a nadie.
Me la pasaba vagando por la ciudad, a veces me hacía seis o siete kilómetros caminando en una salida, no medía las distancias. Me distraía observando el transitar de la gente siempre apurada, las gigantescas librerías y la arquitectura colonial, gótica e inclusive de vez en cuando me encontraba algún edificio con estilo art nouveau que tanto me gusta. Sin embargo, pasados unos días y estando en un estado de ocio absoluto (el ocio llama al pecado) me dieron unas ganas terribles de conocer a algún chico con el cual tener una noche alocada. No sabía en qué web empezar a buscar, sabía que Buenos Aires está lleno de gays, pero nunca me imagine que fuera tan dificil quedar con uno. Googleando terminé en una página llamada cam4 en la que se encuentra gente de todo el mundo mostrando obscenidades. Gays, bisexuales, heteros y curiosos se mezclan, exponiéndose a los ojos de quien quiera verlos, algunos masturbándose, otros teniendo sexo en pareja, tríos y algunos cuantos simplemente charlando y buscando conocer a alguien.
Fue al tercer día desde que entre por primera vez a la página que conocí a Emiliano. No era el más atractivo pero me gustaba, morocho de pelo lacio con anteojos y cara inocente, normalmente prefiero a los morochos antes que a los rubios y Emi me pareció muy simpático, además, a diferencia de los pocos porteños que había conocido en la página los días anteriores no era vueltero. Me sorprendió lo directo que era, pues me dijo despues de que descubrimos que vivíamos cerca uno del otro, si me gustaría que me hiciera sexo oral, "pero solo oral" aclaró. Estaba tan caliente a esas alturas de la charla que acepte. Tenía que ir en ese preciso momento pues él tenía natación a las 18 y ya eran las 15. No perdía nada, si no me gustaba simplemente lo dejaríamos ahí, tal vez me podría hacer un amigo.
Emprendí el camino a pie puesto era como mejor sabía ubicarme en el barrio y recorrí las quince cuadras que nos separaban en veinte minutos. Me esperaba en una esquina, se veía mucho mejor que por cam, era alto, delgado pero de espalda ancha, característico de los nadadores. Me saludo y me encanto el tono de su voz, incluso como se movía. Hablamos de un par de trivialidades y cuando tomamos confianza fuimos a su departamento que estaba a media cuadra. Tres ambientes, un living con sofá, una mesa y estantes con libros, una cocina y un cuarto con dos camas.
Nos sentamos, cada uno a un lado de la mesa y empezamos a charlar sobre nuestras vidas, él, estudiante, pero del interior (ahora me explico por qué no era vueltero) se había venido a Buenos aires para estudiar medicina y hacía más de tres años que vivía en Belgrano. Unos minutos después me pregunto si quería tomar tereré. Los argentinos del norte también toman tereré, recordé. A diferencia del tereré paraguayo al que se le pone agua con limón y algún yuyo refrescante, este tereré estaba preparado con jugo de naranja. Pasando la guampa de tereré transcurrió más de una hora, hasta que en un momento de silencio se me acerco y me preguntó "¿te gusto?". No recuerdo si titubee, creo que una milésima de segundo me hubiera delatado, pero respondí lo suficientemente rápido con un “si” como para que no se diera cuenta de lo comprometedora que resultaba esa pregunta para mi. Mientras se acercaba aún más le pregunte si yo le gustaba, “claro que si” murmuró justo antes de que sus labios se pegaran a los míos. Besaba increíblemente bien, nos levantamos haciendo presión entre nuestros cuerpos sin parar de basarnos y el resto es historia, fuimos a la cama. Nunca me hicieron un oral tan bueno como ese. De por si, el solo frotar mi pene entre sus piernas me calentaba de una forma que no había experimentado antes. Terminé dos veces y luego nos dimos una ducha. Con él aprendí que no hace falta penetrar para tener buen sexo, a pesar de que le gustaba hacer de pasivo, no se dejo penetrar, me dijo que había tenido malas experiencias en el pasado, lo cual es normal, pues para muchos el sexo anal mas que placentero puede resultar doloroso y en ciertas ocasiones conlleva a problemas como hemorroides o fisuras anales. Igualmente superó mis espectativas, la pase genial. Media hora después volví al departamento de mi prima, pero volvería al día siguiente a la misma hora como habíamos acordado, y el domingo como acordamos al otro día. Fueron tres días espectaculares.
Por desgracia todo termino ahí. Me dijo que también estaba probando con chicas y que pensaba que yo me estaba enamorando de él y no quería crearme falsas expectativas. Mucha razón tenía, pues el me gustaba bastante. Fue un pequeño golpe que superé con el tiempo. Lo sigo teniendo entre mis contactos de msn, pero no volvimos a vernos desde entonces.
Lo dejo como un lindo recuerdo nada más, como la primera experiencia que tuve en Argentina y de la cual no me arrepiento en absoluto.
Lo dejo como un lindo recuerdo nada más, como la primera experiencia que tuve en Argentina y de la cual no me arrepiento en absoluto.

No hay comentarios:
Publicar un comentario