lunes, 20 de diciembre de 2010

El comienzo del final de un año

Desde mi pedestal de ignorancia hacia la cultura gay de la gran metrópoli me he dispuesto a empezar con este blog, pues he vivido tantas cosas desde que llegue a esta gran ciudad que tengo que volcarlas en alguna parte.


Las primeras veces siempre son un tanto especiales, ¿O no se la pasaron planeando el lugar, el momento y la persona con quien darían ese gran paso? Bueno, yo no, ¡pero igualmente fue increible! jajaja en esta ocasión, trataré de pensar bien en lo que escribiré a continuación, pues no es mi intención aburrirlos, sino llegar a un grado en el que ambas partes esten satisfechas, tanto ustedes como yo. Pues, hagamos que la memoria se vuelva palabra...


¡¡A la mierda!! ¡¿Por qué tuve que nacer gay?!


No sé cuantos se habrán preguntado esto, seguro más de uno lo habrá hecho, pues yo lo he hecho, y como poco de únicos tenemos, es de esperar que otra persona lo haya repetido, o sea uno el repetidor.

Gran parte de mi vida me la pase luchando por volverme heterosexual, nacer en el ceno de una familia de por más conservadora, donde uno es el único hombre entre varias mujeres es una gran responsabilidad, pues me han dado a mí el peso de continuar con el apellido familiar, el peso de ser el hombre de la casa, la gran misión de continuar con todo lo bueno, lo cristiano y cotidiano. Pero como ya se darán cuenta, no podre cumplir tantas exigencias… me exprimí el cerebro pensando cómo podría suprimir mi "gaydad", pero el porno hetero no me calienta, ciertas chicas me producen vagas sensaciones de deseo, pero nada comparado a lo que pasa con los hombres. Hoy me digo "que situación más patética". El no aceptarse tal cual uno es se puede resumir en una palabra: horrible. ¡El querer cambiar lo que uno es, es diez veces peor! 


El no ser facilmente identificable me ayudo en mi misión de camuflaje, hasta hoy no mucha gente sabe de mis preferencias sexuales, son pocas las pistas: nunca fui bueno en ningún deporte de equipo, prefiero las bebidas dulces a las amargas, y las artes antes que los partidos de futbol, me encanta el chocolate, y veo glee! (esto último es lo que más me delata jajaja). Estoy seguro de que estas preferencias no me hacen menos hombre a mi sentir de ver las cosas, aunque supongo que me hacen más gay a los ojos del mundo.

Igualmente terminé el colegio sin que mi sexualidad fuera un tema de conversación entre mis compañeros. Viaje a Francia, conocí el viejo mundo, regrese a Paraguay empecé a ir a la universidad Nacional de Asunción, deje la universidad, trabaje… y un día cualquiera, mientras pasaba frente a la embajada argentina, me detuve y medite sobre que mierda le estaba pasando a mi vida, donde se había ido esa emoción, esas ganas de arriesgarse y hacer lo que a uno le gusta. ¿Habría la posibilidad de ir a estudiar a Buenos Aires? Esta pregunta terminó en lo siguiente: yo, al mes instalado en Buenos Aires preparándome para estudiar en la Facultad de arquitectura, diseño y urbanismo. Me había ganado un cupo para extranjeros en la UBA.

Que puta, las vueltas que da la vida…


Pasaron tantas cosas desde que llegue a Buenos Aires… y es que ha transcurrido un año y por suerte, un año que terminó de la mejor forma. Conociendo a un par de chicos que me han caído de maravilla y con los que en una noche en la PLOP me he divertido como no lo hice en los últimos diez meses.

La universidad me gusto desde el primer momento, mis notas se mantuvieron altas durante los dos cuatrimestres, puesto que para ello vine al extranjero, para estudiar, pero así también y de una forma más inconsciente, sabía que en Buenos Aires encontraría más libertad. Hoy me digo que los gays de aquí deberían estar agradecidos, (aunque no satisfechos) pues es una ciudad maravillosa que los acepta en un grado superior a lo que lo hacen la mayoría de las capitales del mundo.


Cuando tenía mis tareas a punto y no había mucho que hacer me la pasaba en Gaydar, buscaba algún chico, estar en el extranjero lejos de familia y amigos quiérase o no te trae una desesperada necesidad de conocer a alguien con quien compartir. Conocí a tantos chicos que ya no recuerdo el nombre de un puñado de ellos… y por supuesto no me enorgullezco de eso, pero fue una etapa que ya queme, tantos años tapado no pudieron sino darle un tiro por la culata a mis planes, pues no pude compartir más que noches de sexo, idas y vueltas, departamentos y casas, besos y caricias que al final terminaron dejándome, sin contar un par de excepciones, mas vacío que en un inicio. 


Tantas anécdotas tengo de estos episodios… también compartiré estas en próximas entradas, pues no quiero vomitar todo lo que paso en diez meses en tan solo una entrada.


Algo que recalcare sin embargo es que los porteños son vuelteros… y si me quieren hacer cambiar de opinión al respecto, dejen mensajes todos aquellos que no lo son.

Estaré escribiendo continuamente en el blog, así que los que quieran seguirlo, recomendar, comentar u opinar son más que bienvenidos, la idea es compartir.

¡Abrazos!

-Mineos-

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