He aquí madre patria, volviendo a tu regazo maternal para que me cobijes y consueles, pues las penurias vividas en el extranjero han sido demasiadas, y solo tu madre mía serás capaz de cerrar las heridas con tus besos de coco y jazmín.
¡¿Qué demonios?!
Hace una semana que me encuentro en Asunción y me quedaré por dos o tres semanas más, llegar al aeropuerto fue una pequeña odisea. Salí temprano de casa, pero el tráfico era terrible y para cuando debía tomar el segundo autobús que me llevaría hasta Ezeiza, me dí cuenta de que no lo haría a tiempo, pero la buena fortuna me sonrío y la cara de desesperación que no me preocupe en ocultar ayudo bastante. Se me acercó un chileno con pinta de mochilero hippie y me invito a compartir un taxi, pues el también estaba llegando con retraso. El tachero, un español de galicia, charlatan como ninguno nos dió catedra de historia latinoamericana, yo me defiendo bastante bien, especialmente con todo lo referente a cifras; poblaciones, indices de pobreza y fechas se me graban con bastante facilidad. Asi que pude aportar a la charla, la cual nos acorto el viaje por lo entretenida. El translado fue bastante económico al dividirlo y llegamos con tiempo de sobra.
El viaje en avión se hizo cómodo esta vez. Normalmente prefiero comerme las 18 horas de autobús antes que tomar un avión, puesto que me dan unas nauseas terribles. Recuerdo cuando viaje a Europa, me quede dormido en posición fetal, con las manos sobre el regazo y la cabeza apoyada sobre estas, cuando desperté, tenía dormida la mitad del rostro, un dolor punzante en el ojo y las nauseas que ya sentía antes de quedarme dormido habían incrementado. Una experiencia horrible que me ha hecho pensarlo dos veces antes de comprar un ticket de avión, pero en esta oportunidad me tome unas pastillas para el mareo (más de las recomendadas) las cuales fueron suficientes para dejarme atontado el vuelo entero.
El calor característico del comienzo del verano me recibió con sus brazos abiertos, envolviéndome en un manto de sudor mientras arrastraba mi valija de 18 kilos y medio. Mi padre fue a buscarme al aeropuerto y emprendimos el camino a casa.
"¿Qué hacer en Asunción?", me preguntaba. Acababa de conocer hacía solo una semana la noche gay porteña y la había pasado fenomenal. No quería ir a los boliches gay de aquí, mucha gente conocida en cada esquina, me perturba. La Navidad pasó sin pena ni gloria y llego el 27 de diciembre, un día que no olvidaré, puesto que fue la primera vez que me anime a dejarle mi número de teléfono a alguien desconocido.
Todo sucedió ayer por la noche, ahora es de madrugada, y todavía no he dormido, asi que para ser práctico podría decir que todo acaba de suceder.
Su nombre es Santiago, alto, morocho, definido y de ojos oscuros. Fui a comer a un restaurante con unos amigos y apenas nos recibió me enamore de su sonrisa. Se movía de una forma elegante que me hipnotizó y el uniforme le quedaba magnífico. Cuando nos marchábamos esperé a que mis amigos se adelantaran un poco mientras fingía revisar que no olvidaba nada en la mesa. Disimuladamente dejé mi número anotado en una servilleta al tiempo que le giñaba un ojo al mozo.
¿Me llamaría? Pasaron diez minutos, veinte, treinta… cuando estaba por perder las esperanzar me llego el primer mensaje. Casi tiro el celular cuando trate de abrirlo. “Hola, soy santiago, el mozo que te atendió hoy, por q me dejast tu numero?”
No tarde en responderle “Hola Santiago, me pareciste muy simpatico y quería saber si no querrías salir a pasear”.
Unos cuantos mensajes después quedamos en vernos apenas el terminara de trabajar. Cuando llegó la hora me mando la dirección del cuarto que alquilaba, a solo unas cuadras del restaurant.
“Vivo con un amigo, espero no te moleste”
Con un amigo…- pensé, bueno, no importa, de seguro terminaremos hablando y nada más.
Me recibió en la entrada, estaba sin remera, con shorts cortos y descalzo, típica vestimenta de las calurosas noches de verano asunceno. Me parecía extremadamente lindo. Me invito a pasar y me presento a su amigo Rubén, quien me saludo desde la cama, ubicada en el centro de la habitación. Lo reconocí de inmediato, también trabajaba como mozo en el mismo lugar.
Charlando pasaron las horas, me impresionaron las cosas que contaban, siempre me pregunte si en Paraguay habían menos gays que en otros países, puesto que no conocía a casi ninguno, pero hay tantos como en cualquier otra parte, solo que por lo conservador y machista de la sociedad, se esconden mucho más.
“En el bar donde trabajamos todos los mozos son gay, y no porque nos hayamos organizado para que eso suceda, sino simplemente por coincidencia”.
Me hablaron sobre los boliches a los que habían ido, las experiencias que habían tenido con diversos chicos y las relaciones que no habían resultado. El padre de Rubén lo había echado de la casa cuando este le conto que era gay.
¡Te doy quince días para que salgas de esta casa!.- Esa había sido la respuesta a la confesión más personal que su hijo hubiera hecho alguna vez.
Durante esos quince días no me dirigió la palabra, pero bueno, hay que aceptar lo que nos toca en esta vida... - sus palabras me hicieron temblar, lo dijo con naturalidad, no se le movió un solo pelo.
Sus padres estan separados y la madre no se enteró aún de que Rubén ya no vive con él. Poco después conoció a Santiago al empezar a trabajar en el restaurant y terminaron viviendo juntos “Al inicio éramos cuatro en la habitación, todos dormíamos en esta cama, pero uno de nuestros amigos se fue a vivir a Buenos Aires y el otro se volvió a su ciudad” - relataba Santi. A medida que los iba conociendo, menos ganas me daba de tener sexo, a pesar de que ya estábamos en la cama debido a que en ella estábamos sentados mientras hablábamos. Los sentía cercanos.
La calentura se me bajo de golpe, además me parecía que Santi no me prestaba mucha atención. El sofocante calor devino en tereré y tantas fueron las rondas que me dieron ganas de ir al baño. Cuando volví, se levanto Santi para también ir a vaciar el tanque, en eso quedamos Rubén y yo en la habitación “El se quiere acostar contigo, pero me dijo que no quiere que yo me quede afuera, así que le gustaría hacer un trío, pero si vos no querés no hay problema, puedo salir de la habitación mientras ustedes lo hacen” me dijo.
No sé por qué siempre soy tan amable, pero a pesar de que jamás había hecho un trío y de que Rubén no me gustaba demasiado le dije que podíamos probar, que siempre había una primera vez. A continuación se levantó y puso una película porno en el dvd.
Jamás había visto una porno que no fuera en la pantalla de mi pc y solo. Me daba un poco de vergüenza, pero luego volvió Santi, se había pegado una ducha, estaba con la toalla a la cintura y aún con gotas salpicadas en todo su cuerpo, no pude ignorar sus abdominales marcados. Se acerco a la cama, luego como olvidando algo se dio vuelta y apagó la luz. Se sentó entre los dos contra el respaldo de la cama. Sentir su piel junto a la mía me levantó de mi adormecimiento, no me miraba a los ojos, solo veía a la pantalla del televisor, pero su mano izquierda se escabullo entre mis piernas. Cruzando los brazos sobre nuestros regazos nos masturbamos mutuamente, trate de besarlo pero no parecía gustarle demasiado “uno al que no le gustan los besos” me dije para mis adentros, o tal vez yo no le guste más que para una experiencia rápida, descartable y sin romanticismo...
A pesar de mis cuestionamientos, las cosas se pusieron cada vez más calientes. Hicimos todas las posiciones habidas y por haber, incluso habremos inventado un par, sin embargo no disfrutaba como en otras ocasiones. Me sentía tieso y sin emoción. Parecía que todo lo haciamos de forma mecánica y planificada, consultando cada paso. Terminamos uno sobre el otro y por turno nos pegamos una ducha, Santiago me encantaba, pero había algo que no me cerraba, desgraciadamente no lograba entender por qué era tan frío a la hora de tener sexo pero tan cálido cuando hablaba. Hasta ahora me lo pregunto, solo pasó una hora desde que llegué a casa y a pesar de haberme bañado aún siento el olor de ambos en mi piel. No creo que vuelva a tener sexo con ellos, fue cosa de una vez, experimentar, supongo que me dio curiosidad lo del trío, aunque desde el inicio sabía, no resultaría para mí. No me puedo concentrar en más de una persona a la vez.
Quedamos en vernos mañana para salir, (o mejor dicho hoy, dado que son las 5 am) creo que iremos a un karaoke gay, iré aunque no tenga tantas ganas, puesto que no hay otros planes y puede que me la pase bien.
Me siento algo desilusionado, al final Santiago me supo a nada, tan lindo pero tan insípido a la vez… sin importar eso, se, es un buen chico y sigo enamorado de esa sonrisa ingenua.